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Bienvenido a la surrealidad.

10 enero, 2016

Qué está ocurriendo

Hacía tiempo que no veía algo tan triste como esa mueca que intenta ser sonrisa. Hacía tiempo que no me atrapaba algo tan vacío como esos ojos negros.
Hacía tiempo, hacía mucho tiempo, que no sentía la incontrolable necesidad de romperlo todo, de llorar hasta sangrar, correr hasta quebrar, y después rendirme.

Cuando te pasas la vida pensando que eres un monstruo, que no te extrañe si te conviertes en uno. 
No llores si un día te miras al espejo y no te reconoces. Si te echas a temblar como una niña pequeña al ver tu reflejo. Al ver en lo que te has convertido. 
Todos esos muros, todas esas máscaras, todo ese dolor, esa rabia contenida, ese querer siempre algo más. Todo eso ha hecho que estés así de sola. Que no te importe estarlo.

Todo siempre se ha resumido en avanzar con la ironía de quien nunca podrá llegar a ningún sitio. 
Cada segundo ha consistido en intentar no perderte. Intentar encontrarte, hacer lo correcto, hacer lo adecuado. Cada segundo has necesitado a alguien. Da igual quién. Son solo caras. Solo voces. Solo alguien. 
Cada día viviendo una neurótica vida, sin sentido ninguno. Sin principios ni finales. Aparentes ideas fijas, probablemente imaginarias, sobre las que sustentas tu frágil vida. Casi tan frágil como tus pilares.
Desesperada por que alguien te quite la máscara. Por que alguien te quite la vida. Que vea el color de tu alma, que mida los decibelios de tu dolor. Por que alguien te quiera. Desesperada por querer a alguien. Por sentir algo por alguien... sin llegar nunca a comprender que nada será posible si no se abraza por dentro y se deja ser. Por quitarte todo el peso de encima y decir que sí, que importa. Que importa mucho.

Deja de quitarle importancia a la vida, deja de ser tan arrogante con el derecho a sonreír, que estás perdiendo lo mejor; que te estás perdiendo.
Que no te extrañe si mueres en tu afán de sobrevivir por ti misma sin, siquiera, saber quién eres. 
Si te rindes con la incoherente tranquilidad de alguien que nunca llegará a conocerse. Con la tristeza de alguien que nunca ha amado y siempre ha querido. Con la impotencia y el miedo de quien tiene tanto amor dentro, de quien siente tan intensamente que la sóla idea de que alguien pueda verlo basta para encerrarse en sí mismo y no querer ser más que nada.

Hacía tiempo que no veía un ser tan extraordinario consumirse tan despacio y tan deprisa.