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Bienvenido a la surrealidad.

11 septiembre, 2015

El pueril sufrimiento.

Ese dolor ciego,
los paseos vespertinos
pensando en qué podrías estar pensando
cuándo recitaste tus versos favoritos.

Los vívidos sueños
el olor a azufre
los recuerdos de repente -tu risa a quemarropa-
y los callejones oscuros.

¿Cual era la probabilidad de que tu avión de papel,
en su interminable viaje,
fuera a extraviarse
en mi fortaleza de paja y cartón, con la guardia más cruel?

Infinitesimal y paradójico,
que vinieras a destruir donde no se ha construido.

Excitante y terrorífico
que tiemble al ver mi dolor suplido.

Qué cegador resulta un sentimiento
cuando es dependiente y correspondido,
qué bonita e insignificante se presenta la muerte
cuándo creemos no tener nada que perder.

Cuán brutal nos parece la sentencia
cuando aún no entendemos la mitad de las acusaciones.
De qué manera obstruye el odio nuestra tráquea
cuándo por fin notamos la perforación en nuestro cuello y nos hallamos ungidos en sangre.

Las oraciones se hacen más y más largas
las palabras, afligidas sobremanera;
el papel calado hasta los huesos,
y los gritos...


los gritos totalmente enmudecidos.