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Bienvenido a la surrealidad.

27 julio, 2015

Ahora, ábrelos.

Cierro los ojos para renacer en mi oscuridad personal, esa que es sólo mía. -¿Sólo?-.
Cierro los ojos para sentir sin prejuicios.
Cierro los ojos para dejar de esconderme, ser del todo.
Cierro los ojos y abro los demás sentidos; los cierro y escucho cómo -gota a gota- la sangre cae y roza tu fina y reseca piel, impregnada en ese aroma tan delicado que sabe diferente a como lo esperaba, al que le sientan tan bien las cicatrices.
Cierro los ojos para sentirte y no verte -¿o era al revés?-.
Cierro los ojos para dejarte entrar y compartir mi oscuridad con la tuya-si también cierras los ojos-.

Apago la luz y no veo dónde escribo, cierro los ojos y dibujo con mi voz. En tu aire, en mi caos, en nuestra tenuidad, en este folio transparente, con esta endeble tinta, sintiéndolo todo.

Cierro los ojos para dejar lo demás atrás.
Cierro los ojos y no me importa no ver los tuyos -porque realmente los veo, los noto, están ahí, temblando-.

Y tú cierras los ojos.
Cierras los ojos porque te parece tentador. Los mantienes cerrados porque ahora lo ves claro. Porque lo comprendes, lo sientes.

Es esa música, la que se siente aquí dentro, cuando cierras los ojos.
Y no sientes nada más.
Y lo sientes
lo sientes todo.

Ahora ábrelos y no te culpes por sufrirlo.