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Bienvenido a la surrealidad.

05 febrero, 2015

Sentirme partida por la mitad, no saber qué parte potenciar.
Querer desaparecer por un momento y que nada- ni el sol, ni el viento, ni los que pasan y te miran sin verte, ni tus propios muros, ni los coches aparcados en paralelo, ni la colilla aún humeante gritando desde el asfalto ardiente- pueda hacerte pensar en otra cosa.

Como una hoguera, frustrada e impotente a causa del viento.
Como esa ola que rompe antes de que nadie se haya fijado en su belleza.
Como esa sombra, proyectada en un callejón por la tenue luz de una farola a altas horas de la madrugada.
Como cuando necesitas llorar y lloras, aun sin saber por qué.
Como cuando quieres reír y te resulta imposible.
Como cuando andas por andar y te encuentras corriendo, huyendo -de ti mismo-.
Es triste.

Como ser un muro que te aisle del viento.
Como hacer una foto en el preciso momento en el que rompió aquella magnífica ola.
Como sacar la luz de dentro y ser capaz de disiparlo todo.
Como no querer derramar ni una sola lágrima más de lo necesario.
Como reír porque te resulta imposible parar, porque sí.
Como cuando encuentras algo -o alguien- a lo que llamar hogar, al que siempre vas a querer volver.
Es todo lo contrario.

Buscamos algo que nos dé lo que creemos no tener, algo que nos complemente.
Es triste.
Pensar que jamás podremos ser incondicionalmente.
Es triste y, a la vez, todo lo contrario.