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Bienvenido a la surrealidad.

22 octubre, 2014

Nadie podrá estar allí cuando ocurra el silencio total.
Cuando la oscuridad lo engulla todo y no quede nada por lo que merezca la pena vivir.
Cuando la muerte se apodere de todo lo existido y por existir.
Nadie va a poder llorar la muerte de la risa y el llanto.
Nadie va a poder estar allí cuando ocurra el silencio total.

Cuando los mares se sequen, cuando la tierra se convierta en ceniza, cuando no quede nada por lo que merezca la pena abrir los ojos.
Cuando los abrazos estén vacíos y las miradas no escondan nada, cuando no quede nada -absolutamente nada- por lo que merezca la pena sentir.
Cuando los únicos sentimientos que no perezcan sean el odio, la soledad y la tristeza.
Cuando la luz que quede emerja del fondo de los abismos y, como si de una vela en una noche de la más devastadora ventisca se tratase, se desvanezca sin más; cuando no quede nada -te lo juro, nada- por lo que merezca la pena escribir.
Cuando las peores pesadillas que jamás hayamos imaginado sean lo único que habite la tierra.
Cuando ya no queden hombres, -o más bien, cuando lo que quede sean los verdaderos hombres, las terribles bestias que realmente ocupan nuestros cuerpos desechables-.
Cuando el dolor y los gritos de amargura erradiquen la magia de los sueños y de los días nublados.

Nadie podrá estar allí cuando ocurra el silencio total y no quede nada -absolutamente nada, te lo juro- por lo que merezca la pena vivir, abrir los ojos, sentir o escribir.