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Bienvenido a la surrealidad.

07 diciembre, 2014

Ojalá que siempre -nos- queramos más.

El momento de volver a empezar.
De tener un sustrato que no esté lleno de siglos de masacre e hipocresía, que no se desmorone al intentar levantarnos de las caídas mortales que intentamos negar.
Un aire que no esté impregnado de falsedad e injusticia.
Un sol que ilumine hasta el rincón más oscuro de nuestros pensamientos.
Un futuro ni blanco ni negro, en escalas de grises, intercalados con destellos de colores ansiosos por vivir.

Poder andar sin precipitarnos en los vacíos que dejan las miradas malgastadas, dejar de ahogarnos en las lágrimas de momentos en los que creímos que la autodestrucción era la mejor -tal vez, la única- solución, en la tinta volátil de las cartas que yacen en el cajón de los "lo haré mañana". De las cosas verdaderamente importantes, sí, esas de las cuales nos hemos olvidado.

Y es que ojalá las cosas fuesen tan fáciles. Ojalá fuesen como bajar la persiana para que el sol no te moleste y poder dormir más.
Ojalá como apartar la vista cuando los rayos no te dejan ver.
Como cerrar los ojos y sonreír cuando todo lo que ves te hace infeliz.

Ojalá todo fuese como amar indefinidamente, sin medida e innumerables veces.
Ojalá taparse y desaparecer cuando hace un frío que te ve temblar.
Ojalá no tener que decir nunca ojalá.
Ojalá la muerte no estuviese esperándonos en cada parpadeo y supiéramos hacia dónde mirar.

Ojalá no tener que decir nunca ojalá.
Y ojalá poder seguir diciéndolo.

Ojalá nunca haya que dejar de soñar y, sí, ojalá que siempre haya algo por lo que luchar.
Ojalá que nunca nos conformemos, que siempre -nos- queramos más.

22 octubre, 2014

Nadie podrá estar allí cuando ocurra el silencio total.
Cuando la oscuridad lo engulla todo y no quede nada por lo que merezca la pena vivir.
Cuando la muerte se apodere de todo lo existido y por existir.
Nadie va a poder llorar la muerte de la risa y el llanto.
Nadie va a poder estar allí cuando ocurra el silencio total.

Cuando los mares se sequen, cuando la tierra se convierta en ceniza, cuando no quede nada por lo que merezca la pena abrir los ojos.
Cuando los abrazos estén vacíos y las miradas no escondan nada, cuando no quede nada -absolutamente nada- por lo que merezca la pena sentir.
Cuando los únicos sentimientos que no perezcan sean el odio, la soledad y la tristeza.
Cuando la luz que quede emerja del fondo de los abismos y, como si de una vela en una noche de la más devastadora ventisca se tratase, se desvanezca sin más; cuando no quede nada -te lo juro, nada- por lo que merezca la pena escribir.
Cuando las peores pesadillas que jamás hayamos imaginado sean lo único que habite la tierra.
Cuando ya no queden hombres, -o más bien, cuando lo que quede sean los verdaderos hombres, las terribles bestias que realmente ocupan nuestros cuerpos desechables-.
Cuando el dolor y los gritos de amargura erradiquen la magia de los sueños y de los días nublados.

Nadie podrá estar allí cuando ocurra el silencio total y no quede nada -absolutamente nada, te lo juro- por lo que merezca la pena vivir, abrir los ojos, sentir o escribir.

26 mayo, 2014

Mi lugar favorito.

Hoy he estado en mi lugar favorito. Mi lugar favorito no es ni siquiera bonito. No lo es -al menos- si lo miras con los ojos de ese idealista con reflejos de gigantes de cemento en sus pupilas o de cristaleras llorando o de verdes campos irreales.
Mi lugar favorito está hecho de tierra sucia, hierba seca y asfalto ardiente -incluso en pleno invierno-.
Se podría decir que mi lugar favorito no es bonito. Pero sí que lo es.
Lo es cuando decides ponerlo todo del revés, dejar el superficialismo y sentir por una vez.

En mi lugar favorito hay cosas maravillosas que solo podrás ver si olvidas quién eres y lo que has venido a hacer aquí. Aquí se siente la brisa arenosa y se te cierran las heridas. Dejas de querer olvidar tus cicatrices, te das cuenta de que el verdadero secreto es recordar sin que sea preciso hacerse daño. Si vienes, debes sentarte con los pies en esa tierra seca y la cabeza mirando al cielo.
En mi lugar favorito está la mejor puesta de sol de todos los rascacielos del mundo. Se perfilan los rayos, puedes verlos a la perfección.
Son inconfundibles, divisas su transcurso pero no consigues ver donde empieza ni donde acaba. Lo intuyes, siempre ha habido rumores, pero no se sabe con seguridad.
Sabes que el sol los empuja a dar sus primeros pasos y las nubes los cubren con un velo que los protege de las miradas de los idealistas. Sabes que se funden en el cian del cielo y aprenden solos a volar.

En mi lugar favorito terminas por pensar que tal vez el mundo esté bien hecho, que ni lo malo es tan malo, ni lo bueno tan estupendo. Que hay veces que miramos sin ver.

Por eso este lugar es solo para los soñadores irracionales, para los que buscan respuestas ilógicas a preguntas imposibles y descabelladas.
Aquí decides que el tiempo no existe. Y es la magia de estar en este lugar, la que lo detiene todo. Al menos lo que pasa en ese tiempo no importa para nada.
Y ahí estás, sentado, mirando hacia arriba y hablando solo. Y sonríes. Porque estás donde necesitabas estar.
Porque necesitabas algo que fuese así de irracional, que cambiase tu forma de ver las cosas y por una vez, observar. Necesitabas formular cuestiones imposibles y contradictorias y que entre las nubes estuviese la respuesta.

Mi lugar favorito probablemente no es un lugar.
Mi lugar favorito es el momento en el que empiezo a querer más y menos a la vez.
Es cuando termino siendo quien no debía ser y quien realmente soy.

Mi lugar favorito soy yo cuando pienso en voz alta y nadie escucha mis ideas.